Íbamos en el coche mientras los nervios y el entusiasmo nos atacaba. Los nervios seguían aumentando, mientras nos reuníamos y compartíamos las mismas ganas de llegar y disfrutar de los que más nos gusta, el baloncesto.
Después de haber pasado el control, nos subimos al avión y lo único que nos preocupaba era llegar para empezar a jugar. Cuando aterrizamos nos vino a buscar la guagua y nos llevó al apartamento, tuvimos que esperar pero mereció la pena, ya que las habitaciones eran de lo más cómodas y no sólo eso, Jorge acertó con las compañeras de habitación. Organizadas, fuimos a pasear por la costa con Javi, que durante el viaje ha sido un gran entrenador. Pasada toda la mañana fuimos al apartamento a almorzar.
La hora de jugar se acercaba y nos encontrábamos muy impacientes pero en ningún momento le tuvimos miedo al rival. Dieron las siete de la tarde y nuestro partido comenzaba, la verdad es que no fue nada mal , empezamos haciendo todo lo que sabemos, aunque al final por unas razones o por otras, no nos salió lo planeado.
Por último nos recogió la guagua (por cierto en el trayecto nos hicimos muy amigas del equipo contrario “Tenerife central”, y del chofer que era muy simpático). Al llegar al apartamento fuimos a cenar con los chicos y después de ello nos fuimos a duchar.
Para finalizar el día, nos dieron tiempo libre, que utilizamos para contactar con nuestras familias y convivir todos juntos. Tras un día cansado, nos fuimos a la cama temprano para tener la suficientes fuerzas para el día siguiente.
Yobanna y Claudia.