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miércoles, 20 de abril de 2016

"Mi experiencia en Berlín"

En Semana Santa, los juniors del club esperábamos a que llegase el jueves entre preparativos y preocupaciones por la maleta y sus dichosos 15 kg. A las 4.30 de la mañana se oía en el pabellón maletas rodando y "muacks" a tutiplen de las despedidas familiares; ya faltaba menos para llegar a Alemania. El momento de facturar fue tenso, muy tenso, a muchos les bajaban las gotas de sudor frío y otros muchos rezaban por no sobrepasar el peso máximo que, finalmente, nadie superó pero cantidad rozaron.

Poniéndolo todo a cámara rápida ya llegamos al avión y pasándolo todo aún más rápido (y créanme, es lo mejor porque fue ETERNO) por fin estábamos en tierras alemanas y llegando al hostal para repartirnos en las habitaciones. A partir de aquí resumiré todo más para no ser tan monótona y repetitiva.

Básicamente nuestros próximos días fueron ajetreados para llegar a todos los partidos en las canchas, aparentemente clandestinas, imposibles de encontrar y poder comer en el "office". En un huequito libre que tanto el junior masculino como el femenino encontramos, visitamos la curiosa ciudad de Berlín mientras se preparaba para celebrar Pascua.

Tras un fin de semana intenso donde los equipos conseguimos llegar a cuartos de final y descubrimos que, por lo visto, algunos alemanes entienden por barbacoa una salchicha con ketchup y mostaza por encima; tocaba descansar y disfrutar mientras hacíamos turismo, comprábamos souvenirs y probábamos los diferentes transportes públicos donde, algunos y algunas, se estrenaron usando el metro o el tren. Llegó el último día y muchos recordamos la cruda realidad: "Había que volver a clase".

Con el martes también regresó la prisa que nos acompañó durante el fin de semana, ya que teníamos que llegar al aeropuerto divididos en furgonetas que nos proporcionó la organización del torneo.

Al final, unos más tarde que otros, llegamos al aeropuerto dispuestos a pasar otras cinco maravillosas horas y media en medio metro cuadrado por persona. Era momento de repasar el viaje y de quedarnos con lo mejor: las canciones que cantamos por las calles, los ánimos que cada equipo daba al otro en el torneo, el ver un partido en el inmenso Mercedes-Benz Arena, visitar lugares preciosos como el muro de Berlín, el parlamento, la puerta de Bradensburgo o Alexanderplatz; hacer convivencia en los ratitos libres por la noche donde conocimos a gente de Mallorca y jugamos a las cartas, ping-pong, futbolín, etc.

Fueron días diferentes por los que los jugadores agradecemos, al club y a Diana, poder disfrutarlos todos juntos y conocernos cada vez más y mejor. Espero que las generaciones que vienen de cantera también tengan la oportunidad de hacer estos viajes y participar en torneos internacionales, porque de todos nos podemos llevar algo bueno.